Igual que os cuento
lo que no me gusta de la universidad y el hospital, también me gusta contaros lo bueno. Y ayer quedé
gratamente sorprendida con la actitud de una empleada...
Resulta que, como ya había dicho, para poder presentarme al examen de Pediatría, antes tenía que presentar (y aprobar) un mini trabajo. En realidad no es tal... sólo una hoja de asistencia diaria, un par de casos clínicos que me hubieran interesado, y el resumen de las dos exposiciones orales que tuve que hacer en clase. Bien, como venía siendo habitual en mis prácticas, el último día no había nadie que puediera firmarme la hoja... Así que en vez de entregarlo como todos mis compañeros al terminar, tuve que ir un
día no lectivo.
Vale, parte de culpa la tuve yo porque al llegar al hospital después de la hora y veinte que tengo de trayecto, me di cuenta de que me lo había dejado en casa. Pero aún así, me informé sobre si la Cátedra estaba abierta por la tarde
("sí, claro," me dijeron) y volví por la tarde (esta vez en moto para abreviar). Al llegar, como ya me temía,
¡no había nadie! Dado que el viaje para mí era larguísimo y que ése era el último día para entregar el dossier, me acerqué al mostrador que hay justo enfrente de la puerta de la Cátedra.
Le expliqué la situación a la enfermera y ella, muy comprensible, me dijo que si sólo había que entregarlo, que cuando llegaran los responsables a primera hora de la mañana, o incluso si se pasaban más tarde, ella misma se lo daría. No me digáis por qué, pero a pesar de la buena intención de la señora,
no me acabé de fiar de que fuera a entregarlo. Quizás por eso me esperé a que lo guardara en el último cajón de su mesa, para fijarme dónde lo dejaba.
Los días pasaron y ayer me suena el teléfono...
- Diga?
- Anna P.?
- Sí soy yo...
- Hola Anna, te llamo de la Cátedra de Pediatría - [aquí ya pienso que algo no va bien] -
Verás, estaba revisando los dossiers de prácticas y he visto que faltaba el tuyo. De momento, me he hecho la despistada con el profesor cuando me los ha pedido porque quería hablar antes contigo... Te recuerdo que sin él no puedes presentarte al examen del sábado.
- Pero... pero... - ¡ya lo veía venir! -
Verás, es que yo...- (bla bla bla, le cuento toda la historia)- .
.. pero vamos, sino os lo ha dado, vi cómo lo guardaba en el último cajón de la mesa.
- Bueno, no te preocupes, ahora mismo voy a preguntar, seguro que lo tienen allí todavía.
-Muchas gracias! - Buff, vuelvo a respirar.
-
Sólo una cosita... - ¡Oh, oh! -
Si por casualidad lo han perdido no tendrás una copia, no?
No me lo podía creer, sólo me faltaba que hubieran
perdido el dossier para rematar mis prácticas en Pediatría. La chica me dijo toda apurada que no me preocupara, que seguro que estaba guardado y se habrían despistado y que, en todo caso, ya haríamos algún apaño para que pudiera presentarme al examen. Pero lógicamente, no me quedé tranquila.
Al cabo de un rato, me vuelve a sonar el teléfono...
- Anna? Hola, soy la secretaria de la Cátedra de nuevo.
- Sí, hola! - el miedo se palpa en mi voz.
- Quería llamarte para que estuvieras tranquila, efectivamente lo tenían guardado aún en el cajón - Buuuuuuuuuffff!!!! -
Ya de paso me disculpo, porque no son maneras de hacer las cosas, y de verdad no te preocupes que está todo correcto.
- Muchísimas gracias.
- Gracias a ti, y mucha suerte en el examen!!
¡Así que hoy quería dedicar la entrada a la
simpática y eficiente secretaria de la Cátedra! Porque alguien que se molesta en revisar su trabajo para comprobar que esté todo correcto, que busca mis datos y mi número al ver que falta un trabajo, que me llama para explicarme la situación y saber si ha pasado algo, que me llama para tranquilizarme porque todo se ha arreglado, y que encima se disculpa por algo que no es culpa suya, se merece esta entrada y todo mi respeto.
Me encantan los trabajadores eficientes... pero sobre todo, los
trabajadores que son personas.