Sesión clínica tipo CPC

Repasando las cosillas que he hecho este año, he visto que no os hablé de mi primer (y único) CPC en el Servicio de Medicina.

Para los que no conozcáis el tema, se trata de una sesión en la cual se me facilita de antemano sólo la mitad de la información de un caso, para que yo pueda llegar a las pruebas complementarias a solicitar y el diagnóstico de presunción.

Éste es el resultado de mi caso... Al final no acerté el diagnostico (ya os lo adelanto), aunque estuve cerca y, lo más importante, aprendí muchísimo. Veréis que al final del caso hay una pequeña revisión bibliográfica sobre el diagnóstico que yo di, aunque no fuera el correcto.
Si a alguien le interesa el tema, me hice con mucha bibliografía, así que me la podéis pedir si queréis.

¡No seáis duros conmigo!
La resolución real del caso, podéis encontrarla aquí.

Un peldaño más...

Atrás quedaron ya los nervios del primer día, la primera guardia, y un montón de cosas más, tan díficiles de resumir, que he vivido en mi primer año como residente. Sin duda, "intelectualmente" hablando, el mejor año de mi vida.

Como os conté hace ya tiempo, en esto de la Medicina se asciende aunque uno no quiera. Y así, sin apenas darme cuenta del tiempo que ha pasado, me he convertido ya en R2. Bueno, oficialmente para el Ministerio de Sanidad y mi contrato laboral, este cambio se producirá mañana, día 13, en que hace exactamente un año que empecé a trabajar... pero a la práctica, desde ayer en que llegó mi relevo, ya no soy más la pequeña del servicio.

Y es que, efectivamente, ayer se incorporó la R1 de Medicina Interna (junto al resto de sus coRs de otras especialidades, excepto los de Familia, que vienen más tarde). ¡Qué carita que traía ayer! Nerviosa, asustada, y creyendo no saber nada... ¡me recordó tanto a mí! Ahora, como su "mayor", me toca enseñarle todo lo que pueda, ayudarla a sobrevivir a su primer año. Pero me gusta tan poco dejar de ser la pequeña, la mimada, la nueva... Contrariamente a lo que pueda parecer, desearía que el tiempo no avanzase y seguir siendo R1 porque, ahora me doy cuenta, estos 5 años pasarán tan rápido que dejaré por el camino demasiado por aprender.

El balance de mi primer año, como podéis suponer, es excelente. Además, he tenido suerte, y mi evaluación ha sido muy satisfactoria. Estoy muy contenta... ¡y están muy contentos conmigo! Aunque más que con la nota de mis supervisores, me quedo con saber que, de momento, sigo siendo el tipo de médico que quería ser; sigo sonriendo cada vez que un paciente me da las gracias y me dice que he sido muy cariñosa con ellos, sigo despertándome contenta por ir a trabajar. Sigo sabiendo que tengo taaaaanto que aprender, que no puedo darme un minuto de descanso.

Y, sobre todo, sigo disfrutando tanto de esto como el primer día.

Bienvenida a Rosana, mi R1, y a todos los demás. Bienvenidos a vuestra nueva vida; espero que seáis tan felices como yo.

Algunas reflexiones sobre la muerte

Una de las cosas que, inevitablemente, menos me gusta de mi profesión, es comunicarle a alguien que un ser querido ha fallecido. Pero, dentro de lo malo, hay tres escenarios clínicos que suelo encontrarme en estas situaciones, y no todos me disgustan por igual.

El primero, quizás el más cómodo aunque sin duda el más sentido por mí, es la muerte de uno de mis pacientes. Ya os lo he contado en alguna ocasión (y las que he callado...), no lo paso nada bien. Cuando se muere uno de mis pacientes, a los que he estado tiempo viendo muchos días, con los que he compartido muchas conversaciones, ya sea de forma inesperada o largamente anunciada, suele ser un día en el que llego derrotada a casa, cansada, frustrada... Aún así, es cierto que a veces sé que la mejor "solución" para un paciente que sufre es la muerte. Pero siempre, siempre, es una mala solución para los que se quedan atrás. Para mí, como médico que conoce a ese paciente y parte de su familia (los que hayan venido a visitarle), es más fácil comunicar la mala noticia, pues suelo saber de antemano que el proceso se acerca y preparar el terreno, puedo intentar aliviar su sufrimiento, puedo ofrecerles respuestas de por qué ha pasado. Su familia me conoce, saben que hemos hecho lo que hemos podido, y decirles un "lo siento" acompañado de un abrazo es un gesto natural y sincero para todos.

Otra cosa muy distinta es que alguien se muera en Urgencias. Cuando llega un paciente, por mal que esté, ni él ni su familia suelen esperar que fallezca en las próximas horas, muchas veces en un box sin intimidad alguna porque no ha dado tiempo a que tenga una habitación. Son personas que vienen al hospital porque se encuentran mal, pero la mayoría de veces no saben qué les pasa: lo que buscan son respuestas. Y, para su sorpresa, una vez en el hospital se van apagando y, desgraciadamente, algunas veces los médicos no sabemos por qué. Es normal, muchas veces no hemos tenido tiempo de hacer un diagnóstico, y sólo podemos suponer y dar respuestas aproximadas a la verdad... Pero lo más duro, además de este vacio de no saber qué ha pasado, es que un médico que acabas de conocer te diga que ya no hay nada que hacer. Como médico, me frustra más todavía esta situación (no sé qué tenia el paciente, no sé si podía haber hecho algo más, si he pasado algo por alto...) y, como persona, me resulta difícil decirle a unos desconocidos, pues sólo nos conocemos desde pocas horas antes, que su madre que esta mañana estaba jugando a cartas ahora ya no está. Las familias no lo entienden, se enfadan, piden explicaciones... y un abrazo de una desconocida no puede remediarlo.

Pero, de lejos, el escenario que más me incomoda es que muera un paciente que no es mío en planta, que no conozco de nada, y del que al estar de guardia me toca ir a certificar su muerte. Es una situación muy violenta, a pesar de que casi siempre la familia ya lo estaba esperando. Pero imagináos ser ellos: vuestro padre acaba de morir, por lo que dice la enfermera, pero como en las películas hasta que un médico no lo certifique legalmente no ha pasado nada... Llega una doctora, una completa desconocida, mientras vosotros lloráis en la habitación; no os hace salir del cuarto, pues tenéis derecho a estar allí, y rápidamente hace un breve reconocimiento de vuestro padre para deciros que, efectivamente, ha muerto, que lo siente mucho... y que necesita empezar el papeleo. En esta situación, yo no sé nada de ese paciente; la mayoría de veces entro en la habitación primero sin leer su historia porque las enfermeras meten mucha presión. ¿De qué habrá muerto ese hombre? No lo sé hasta después, cuando repaso su historial. Pero entrar allí, normalmente en una habitación llena de gente llorando, a decir algo que ya todos saben y a pedirles un DNI me parece grotesco. Ni siquiera intento el abrazo, sería casi una mofa.


Está claro que comunicar malas noticias, la peor noticia, es lo que peor llevo... Sólo espero que si alguna vez me toca a mí estar al otro lado, se produzca la primera situación. Espero que mi familia y yo conozcamos al médico, que su pésame sea sincero, y que no vivamos su noticia como una intromisión a la intimidad del momento.

Contacto