Caso clínico: enfermedades infecciosas

El pasado miércoles me estrené presentando un caso de nuestro hospital en las Sesiones de Enfermedades Infecciosas que organiza el Hospital Clínic, en las que cada semana nos invitan a asistir y participar.

Éste es el caso que presenté, nada demasiado complicado, pero espero que os guste.


Evento viaje solidario

Aunque ya sabéis que no suelo aprovechar el blog para estas cosas, la iniciativa "Evento viaje solidario", se merece una mención por aquí, así que os dejo la información que recibí a través de Lorena, quien me dio a conocer la iniciativa.
Desde Nautalia estamos colaborando con Ayuda en Acción en el proyecto "Tratamientos Oncológicos Pediátricos", para ayudar a los niños de México y sus familias a tratar esta grave enfermedad. A través de nuestro microsite http://www.nautaliasolidaria.es/ se pueden hacer donaciones para la causa. Cada microdonación se verá reflejada en los metros que correrán empleados de Nautalia en el Rock 'n' Roll Madrid Maratón de Mapoma el próximo 22 de abril.
Así que, todos los empleados de Nautalia nos vamos a calzar las zapatillas y correr con camisetas rotuladas con todos los nombres de las personas que hayan realizado donaciones para el proyecto con el objetivo de destinar todos los fondos recaudados al tratamiento contra el cáncer infantil.

Cualquier ayuda, por pequeña que sea puede servir para mucho. Tu función es acompañarnos simbólicamente metro a metro, ayudarnos a hacer ruido que nos ayude a ganar esta carrera y conseguir nuestro objetivo 1€ = 1 metro // 42.000€ = 42km de #viajesolidario

Os dejo también el link a nuestro blog corporativo por si quieres más información http://blog.nautalia.com/nautalia-solidaria-y-ayuda-en-accion/

 Ya sabéis, ¡a colaborar!

De padres e hijos...

Una de las cosas que más me ha sorprendido en estos meses de trabajo, ha sido la relación tan deshumanizada que existe entre muchos hijos y sus padres.

En mi hospital, donde los pacientes tienen una media de edad muy avanzada, pronto me "acostumbré" a decirle a la gente que su padre/madre iba a morir. Me "acostumbré" a que la mayoría de las veces las cosas no van bien, porque incluso cuando un paciente resuelve el episodio agudo y puede ir a su casa, muchas veces lo hace en condiciones muy, muy limitadas: con vida cama-sillón, sin apenas reconocer a sus familiares, con gran dolor por enfermedades intratables, con limitaciones físicas importantes...

En todo este proceso, así como en el de cualquier hospitalización, uno esperaría que estos pacientes contaran con el apoyo y cariño de sus familias. Pero, desgraciadamente, son demasiadas las veces en que un abuelito viene directamente de la residencia y, durante todos los días que está con nosotros, su familia no aparece. Demasiadas veces me han traído a alguien a Urgencias diciendo que "no puedo más" o, lo que es peor, "es que nos vamos de fin de semana", tras lo cual, como desgraciadamente este paciente seguro que tendrá algún motivo de ingreso, me ha preguntado "bueno, ¿a qué hora o qué día tenemos que volver a recogerlo?". Tantas veces he visto a gente morir sola o a hijos desentiéndose de sus padres, que una se pregunta sino será lo normal...

A mí nunca, nunca, se me pasaría por la cabeza hacer algo así con mis padres. De hecho, nunca se me ocurriría hacer algo así con una persona, si está en mi mano ayudarle. Estamos hablando de gente muy mayor, necesitada y dependiente, que vienen al hospital desnutrida y sucia porque sus hijos no les cuidan. Evidentemente, todos tenemos nuestras limitaciones y la mayoría de gente no tiene los conocimientos de cuidados que estas personas necesitan... ¡Pero hay unos límites! Estoy cansada de sentirme en un párking para abuelos, de tener que pedir ayuda diariamente a Asistencia Social porque las cosas no funcionan como deberían.

Al principio, cuando veía estas cosas, cuando llegaba a casa enfadada, impotenten, llorando, me decía que yo sólo conocía una parte de la historia. Que ese abuelo adorable que me coge la mano y me da un beso cada día, que me cuenta sus batallitas de la guerra y me mira con ojos llorosos cada vez que me voy de la habitación, pudo haber sido antes un desalmado que maltrataba a sus hijos o a su esposa, un déspota con los demás. Pero ahora, cuando veo estos comportamientos, no dejo de pensar que no puede haber tantos padres malos, que no puede haber tantos hijos con verdaderas razones de odiar a sus padres.

Si éste es el futuro que le espera a nuestra sociedad, cada vez con una población que vive más y necesita más cuidados, no sé a qué límites vamos a llegar. Sólo espero que estos hijos, cuando sean padres, no esperen de los suyos que les traten mejor.

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