Las comparaciones no siempre son odiosas

Hace unos meses ya os hablé aqui de lo difícil que puede ser a veces para un médico estar al otro lado. Pues bien, como en mi casa vamos siempre de susto en susto, esta semana he vuelto a estar de hospitales... y he vuelto a ver cosas que no me han gustado nada.

Pero si bien en la otra entrada os hablé más de lo complicado que es intentar mantenerse al márgen, ahora me gustaría más centrarme en una sensación que no he cesado de tener estos días: ni yo lo hago tan mal, ni en mi hospital somos tan malos.

A veces, cuando trabajas en un hospital pequeño, acabas teniendo sin quererlo un cierto complejo de inferioridad... Sabes que las cosas se hacen bien, estás contento, pero como no tienes otra perspectiva que la tuya imaginas que en todos sitios las cosas son así. Si a eso le sumas que los hospitales más grandes no cesan de salir en los medios, de investigar, de publicar, etc, a veces caes en el error de pensar que, tanto ellos como tú mismo, tenéis razón al decir que ellos deben hacer las cosas bien, la Medicina allí se hace mejor. Se les llena la boca con palabras como excelencia, se les llenan las paredes con diplomas y premios, y tú acabas pensando que, a lo mejor, eso es lo que importa.

Pero de pronto aterrizas allí, en un hospital de los grandes, de los importantes, de los "buenos". Tienes a un familiar gravemente enfermo y, aunque les agradeces la rapidez del diagnóstico y la atención inicial, luego empiezan a sucederse una serie de errores, malas praxis y demás que te acaban hartando. Sin hablar de la atención al paciente, que deja bastante que desear, lo que de verdad te preocupa es que, durante más de 48h, un paciente inestable ni siquiera esté monitorizado. Te preocupa que, aunque tengas un diagnóstico y se haya iniciado el tratamiento, no se estén realizando el resto de exploraciones indicadas para completar el pronóstico y, tal vez, modificar el tratamiento. Y, entonces, a pesar de lo preocupada que puedas estar, te abstraes de pensar en que esa persona es un familiar, lo miras sólo como a un paciente: sabes lo que hay que hacer, y sabes que tú lo habrías hecho (porque lo haces cuando has tenido un paciente igual) y, sin quererlo, sonríes y piensas que lo estás haciendo bien.

Dejando de lado la indignación que pueda sentir porque mi padre no haya sido tratado correctamente en muchísimos aspectos, me complace gratamente ponerme una medallita: tanto a mí, como a mis compañeros; a mi hospital. Me complace saber que, a pesar de "ser pequeños", hacemos lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo, nos preocupamos por más cosas que sólo lo puramente asistencial, ofrecemos en general una buena atención. Y entiendo ahora que mis pacientes, en general, se vayan siempre contentos. Entiendo que tantas horas de estudio, trabajo y esfuerzo merecen la pena y me doy cuenta, una vez más, de que trabajo en un lugar fantástico. En un lugar donde me están enseñando a hacer Medicina de verdad.

Pienso entonces en la numeritis del MIR y en la gente que elige plaza esta misma semana y me preocupa que se cieguen por el nombre del hospital, sin prestar atención a la calidad de lo que allí se ofrece. No de lo que se ofrece al residente, sino de lo que se ofrece al paciente que es, al fin y al cabo, quien importa en todo esto.

2 firmas:

BlackZack 15 de abril de 2013, 11:23  

Te aplaudo. Y te felicito por tu elección.

Anna Pardo 15 de abril de 2013, 12:18  

Tampoco es que merezca aplausos BLACKZACK, sólo se trata de hacer bien las cosas y tratar bien a la gente. A mi entender, no es tan difícil de lograr.

Eso sí, lo de la elección fue un acierto :P

Besotes!!

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