De padres e hijos...

Una de las cosas que más me ha sorprendido en estos meses de trabajo, ha sido la relación tan deshumanizada que existe entre muchos hijos y sus padres.

En mi hospital, donde los pacientes tienen una media de edad muy avanzada, pronto me "acostumbré" a decirle a la gente que su padre/madre iba a morir. Me "acostumbré" a que la mayoría de las veces las cosas no van bien, porque incluso cuando un paciente resuelve el episodio agudo y puede ir a su casa, muchas veces lo hace en condiciones muy, muy limitadas: con vida cama-sillón, sin apenas reconocer a sus familiares, con gran dolor por enfermedades intratables, con limitaciones físicas importantes...

En todo este proceso, así como en el de cualquier hospitalización, uno esperaría que estos pacientes contaran con el apoyo y cariño de sus familias. Pero, desgraciadamente, son demasiadas las veces en que un abuelito viene directamente de la residencia y, durante todos los días que está con nosotros, su familia no aparece. Demasiadas veces me han traído a alguien a Urgencias diciendo que "no puedo más" o, lo que es peor, "es que nos vamos de fin de semana", tras lo cual, como desgraciadamente este paciente seguro que tendrá algún motivo de ingreso, me ha preguntado "bueno, ¿a qué hora o qué día tenemos que volver a recogerlo?". Tantas veces he visto a gente morir sola o a hijos desentiéndose de sus padres, que una se pregunta sino será lo normal...

A mí nunca, nunca, se me pasaría por la cabeza hacer algo así con mis padres. De hecho, nunca se me ocurriría hacer algo así con una persona, si está en mi mano ayudarle. Estamos hablando de gente muy mayor, necesitada y dependiente, que vienen al hospital desnutrida y sucia porque sus hijos no les cuidan. Evidentemente, todos tenemos nuestras limitaciones y la mayoría de gente no tiene los conocimientos de cuidados que estas personas necesitan... ¡Pero hay unos límites! Estoy cansada de sentirme en un párking para abuelos, de tener que pedir ayuda diariamente a Asistencia Social porque las cosas no funcionan como deberían.

Al principio, cuando veía estas cosas, cuando llegaba a casa enfadada, impotenten, llorando, me decía que yo sólo conocía una parte de la historia. Que ese abuelo adorable que me coge la mano y me da un beso cada día, que me cuenta sus batallitas de la guerra y me mira con ojos llorosos cada vez que me voy de la habitación, pudo haber sido antes un desalmado que maltrataba a sus hijos o a su esposa, un déspota con los demás. Pero ahora, cuando veo estos comportamientos, no dejo de pensar que no puede haber tantos padres malos, que no puede haber tantos hijos con verdaderas razones de odiar a sus padres.

Si éste es el futuro que le espera a nuestra sociedad, cada vez con una población que vive más y necesita más cuidados, no sé a qué límites vamos a llegar. Sólo espero que estos hijos, cuando sean padres, no esperen de los suyos que les traten mejor.

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Seishi 2 de abril de 2012, 10:56  

No sabes cómo siento lo que has escrito :-( En el poco tiempo que estuve de prácticas en medicina interna, y en el intervalo en el que hice prácticas en la unidad de valoración geriátrica de mi hospital, vi eso tantas veces...

Se me partía el alma cuando entraba a la habitación a hacerles una historia clínica y me daba cuenta de que esas personas llevaban solas allí mucho tiempo y estaban deseando hablar con alguien. Y también sentí la misma impotencia, y lloré. Porque yo tampoco lo entiendo...

Mar 2 de abril de 2012, 14:59  

Supongo que como en todo, existen las dos cosas y las dos posibilidades. Hijos ingratos y, en general, maltratadores de ancianos y gente que se aprovecha y sólo quiere estar cerca por "la herencia".

Pero, aunque desconozco el porcentaje, también hay abuelitos maltratadores que han dejado mucho dolor detrás de sí.

Y no sé, por mi experiencia personal, sé que existen y que saben quedar muy bien para la gente "de fuera" y cuando están asustados.

Pero eso, habrá una mezcla de casos y tiene que doler verlos así.

Un beso

Anónimo 8 de abril de 2012, 21:38  

Como tú misma dices, no sabes cómo son, o cómo han sido, esas personas en casa.

Yo soy hija de padre maltratador y alcohólico, en casa faltaba de todo menos vino y tabaco para él, mi madre tenía que ir pidiendo a los vecinos y en las tiendas y escondía la comida en el armario de contadores de la escalera para que no se la comiera él. Íbamos vestidos que daba pena. Nos pegaba a menudo con el cinturón, con la parte de la hebilla. Nos gritaba y nos trataba peor que a animales.

Ese hombre ahora tiene 85 años y es uno de esos abueletes que te encuentras, siempre haciendo bromas con las enfermeras, encantador hasta hacerse pesado, y llorando a los médicos de los malos hijos que tiene. Siempre ha sido así, los vecinos sabían cómo era por los gritos que oían, pero fuera de casa era la amabilidad en persona.

Y ahora ya no puede pegarnos, pero chantaje psicológico el que quieras y más... tuvo un problema en una válcula del corazón, según él por culpa nuestra, por los disgustos que le damos, le preguntó al médico y menos mal que le dijo que un disgusto no causa eso. Nos pide dinero continuamente, ya le hemos dejado más de 6000e entre todos (con lo que cuesta ganarlos...), que malgasta. Ahora ya le decimos que no, y simula ataques de ansiedad y ale, para el hospital. Y aún así, cuando lo ingresan nos turnamos para ir a verlo. Procuramos que se duche una vez por semana y antes de ir al médico, aunque no siempre lo conseguimos. Vive rodeado de basura y vamos nosotros a limpiarle un poco porque nos da vergüenza que entre alguien allí.

Todo este rollo te lo cuento para que veas que no siempre lo que parece es la realidad, que no sabes cómo es en casa ese abuelete simpático. Si alguien trata así a sus padres a lo mejor es por algo. Te aseguro que yo no renunciaría a un fin de semana o a unas vacaciones por tener que cuidarlo. Por mi madre lo que haga falta, por él no.

Anna 9 de abril de 2012, 11:30  

ANÓNIMO, muchas gracias por este comentario tan sincero. Evidentemente, nada que reprochar ni decir en tu caso y, como escribí, seguro que así hay muchos otros. Me sigue costando creer que sean la mayoría, pero seguro que los hay. Un beso muy grande!!

SEISHI, MAR, gracias a vosotros también. Si como estudiantes ya os dais cuenta de estas cosas, es que realmente algo va mal en nuestra sociedad...

Besos a todos!!

Anónimo 8 de mayo de 2012, 21:48  

Hola. Por casualidad me he topado con este blog..., quiero contarles un poco mi experiencia. Por 20 años viví con mi abuela adoptiva (adoptó a mi papá desde los 5 años) Una mujer muy valiente, pero a la vez muy fuerte de carácter. Supo sacar a flote en mi padre la dureza de su carácter. Gracias a Dios con los años mi padre ha aprendido a ser más sensible y tener consideraciones y disfrutar de la vida. En fin, mi abuela murió a los 95 años. Muchas veces al llegar del colegio la encontré discutiendo con mi madre y de qué maneras. Sin embargo mi padre, por "pagar su deuda" siempre la retuvo con nosotros. A veces la abuela solía salir al patio a gritar a la gente del edificio donde vivíamos "me matan de hambre..." "no he comido..." y la gente nos miraba mal y nosotros, recomendándole, abuelita, no haga eso! que verguenza..., solía salir también a la calle a pedir caridad y cuando le reprochábamos solo se reía.. No le gustaba bañarse, tocaba cortarle las uñas para que no nos las clave, para poder bañarla una vez por semana por por lo menos, decía que le robábamos sus cosas y cuando le ayudabamos a buscar y las encontrábamos ni siquiera se disculpaba..., pero con los años aprendió a amar y a respetar a mi madre. Yo finalmente la comprendí cuando por un trabajo del colegio me tocó hacer una práctica en un ancianato y ver su dura realidad. Abandonados..., es verdad... Los pocos que mantienen su lucidez lamentan tanto la falta de sus hijos, de su familia, de sus amigos... Ya han pasado más de 10 años desde que la abuela partió y veo que en mí han quedado las buenas enseñanzas marcadas, sus dichos sabios, sus enseñanzas prácticas de vida; los malos momentos se fueron diluyendo... Que así sea en todos los corazones de aquellos que sufieron por causa de los que ahora ya son ancianos.. Un abrazo.

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